MARIA EUGENIA JAIME 1973

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Eugenia Jaime entiende la práctica profesional como herramienta política para conseguir el derecho a la ciudad para todos.

Eugenia Jaime comenzó a estudiar arquitectura con 22 años, graduándose por la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Nacional de la Plata. Estudiar en una universidad pública en plena etapa de políticas neoliberales, que castigaron especialmente la educación pública, la lleva a iniciar una etapa de compromiso social desde la participación en política universitaria que perdura hasta hoy.

Eugenia Jaime se describe como una arquitecta que ha redefinido su práctica a partir de la acción directa en realidades complejas, comenzando cuando cursaba 3er año de la carrera y se embarcó en la ampliación de una escuela pública en Florencio Varela:

… El desafío era enorme, era un trabajo voluntario que hacíamos con una compañera, Natalia, en el que se manifestaba un trato diferenciado para con nosotras. Esto se hacía evidente en relación primero por la juventud y segundo por el género. Sin embargo, la experiencia de transitar esta práctica fue uno de los pilares fundantes en el proceso que fui desarrollando hacia la re definición del rol profesional.

Eugenia Jaime reconoce en su formación la influencia del arquitecto y profesor Osvaldo Bidinost a lo largo de los estudios universitarios, y cuando la arquitectura no fue suficiente para buscar respuestas a sus preocupaciones e intereses, la lectura de autores de otras áreas de conocimiento han completado su formación, como Milton Santos y Oscar Oszlak 

Como a todos, pero especialmente a las mujeres, para Jaime las experiencias vividas en sus múltiples dimensiones son fundamentales para conformar su personalidad y el ejercicio de la profesión. Se ha formado una clara conciencia de género, y considera que la organización social capitalista da un lugar secundario a las mujeres y sus capacidades.

El rol profesional y el rol asignado al género femenino se pusieron en crisis frente a la llegada de mi primer y única hija Ana. Esto me encontró trabajando en la dirección de obra de un centro comunitario en la Villa 21, donde aprendí que para poder romper con lo establecido hay que luchar. Allí las mujeres que formaban parte de la organización barrial me ayudaron a llevar adelante la tarea. Su trabajo colectivo reinventaba a diario el espacio de la vivienda y el barrio para poder acercarse a una vida más digna para ellas y para sus hijos. Esta experiencia me incitó a la búsqueda de un espacio colectivo donde aportar a esta transformación.

En los primeros años de la primera década del siglo comenzó a trabajar en el área de publicaciones de la Secretaría de Extensión de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires, lo que le puso en contacto con este espacio académico empezando al poco tiempo a trabajar como docente, y cursar una especialización en urbanismo.

En este entorno académico creó, en mayo 2008, con otros compañeros, entre ellos Julián Salvarredy, el Proyecto Habitar, que es un colectivo de profesionales que intenta poner en discusión los límites estrictos de la práctica profesional:

proyecto habitar, colectivo de profesionales del hábitat que intenta complejizar la mirada de lo que está dado. Poner en discusión los rígidos límites establecidos para lo individual y lo colectivo, la teoría y la práctica, este pensamiento binario que difícilmente colabore con la posibilidad de ir hacia el encuentro y desnaturalizar las relaciones de dominación que están implícitas en el debate de género.

Es en Proyecto Habitar donde re pensamos la profesión de arquitect@s apoyados sobre el proyecto y la participación entendiendo que son instrumentos que aportan a equilibrar las relaciones de poder tanto en la distribución del espacio como entre las relaciones de género.

Pensando espacios con otros no solo incorporamos la perspectiva de género sino también todas aquellas situaciones de desigualdad que se encuentran ocultas, esto nos permite pensar en un urbanismo inclusivo, un urbanismo que redefine los objetivos según las necesidades de una sociedad, que incluye la diversidad de situaciones de las cuales formamos parte las mujeres y los hombres.

Desde Proyecto Habitar organizan los consultorios APH que en 2015 ha llegado a su 8ª convocatoria. Es un trabajo académico ligado a las realidades más invisibilizadas y olvidadas de los entornos urbanos a las que se dirigen con grupos de estudiantes y profesionales para mejorar las condiciones de habitabilidad de las estructuras construidas y acercar el derecho a la ciudad de las personas que allí viven. Para ello promueven talleres que permiten visibilizar las vivencias, percepciones y experiencias de cada persona, poniendo en valor aquellas tareas que quedan relegadas al ámbito privado, las tareas de la reproducción, el cuidado de los niños, de otras personas y del hogar, dando curso a la problematización y proyecto colectivo.

Los proyectos más significativos realizados por el colectivo Proyecto Habitar son en los que se ha trabajado en la prefiguración, construcción y gestión, de espacios colectivos a partir de las pre-existencias tanto físicas como sociales. Entre ellos podemos señalar especialmente tres:

El espacio de la Sala de Salud María Elena, en la Matanza, que donde además funcionaba un comedor. Aquí el trabajo más significativo fue articular la construcción de la obra con las cooperativas de la Organización Política de referencia barrial. El proyecto se realizó a partir de encuentros que permitieron prefigurar una propuesta basada en el conocimiento social y físico preexistentes. El trabajo siguió con la gestión del proyecto para su financiamiento y por último la ejecución.

Fue en este último tramo donde la cuestión de género tuvo un peso sustancial. Los coordinadores de las cooperativas, en su totalidad hombres tenían dificultades para desarrollar un diálogo franco sobre las ideas constructivas del proyecto y de la necesidad incluso de contar con nosotros cuestión que necesitó ser conversada varias veces porque las tensiones, ya sean por la diferencia de género, la diferencia de clase, o la diferencia en el conocimiento iban desarrollando obstáculos que era necesario abordar para poder seguir adelante.

El jardín y guardería Niño Dios, ubicado en Florencio Varela, fue un trabajo que incluyó reuniones con las trabajadoras y un trabajador, pidiendo que cada persona explicara su rol, cómo se movía en el espacio, y cuáles eran sus inquietudes. Con estos datos y el programa de necesidades se realizó el proyecto y los pliegos para la licitación de la obra. En este proyecto fue central reconocer la claridad de roles de cada miembro del equipo y la determinación sobre las inquietudes que armaban su agenda y tenían una estructura jerárquica acorde a los roles que desempeñaban. Sin embargo, al vincularse con el equipo de Proyecto Habitar la tendencia era referirse al “hombre del grupo”, esto fue y es algo recurrente que se trasforma solo después de un tiempo de trabajo sostenido.

Otro proyecto significativo es el Centro Comunitario Padre Pere Riera en La Matanza que surgió como una consulta a partir de un proyecto que la organización barrial Fundación Concordia ya tenía dibujada y esperaba nuestra opinión.

Lo más interesante de este proyecto es que apareció como uno de los más de 50 que ya habían realizado en el barrio para el mejoramiento de las viviendas individuales, algunos pocos construidos y otros tantos no, pero que configuraban una base de conocimiento de lo pre-existente que les permitía pensar conjuntamente el proyecto para el centro comunitario desde las herramientas desarrolladas en el sitio. El valor adicional del proyecto es que una de las actividades que se realizan hoy allí son las del propio grupo de Proyecto Habitar, actividades que van programando según las necesidades emergentes del Barrio. Hoy son uno de los actores de la mesa de gestión barrial

Para aportar en la consecución de derechos urbanos de las poblaciones forman parte del grupo promotor del proyecto de Ley de Asistencia Técnica Profesional y gratuita que se desarrolla en el marco de la red Habitar Argentina. Este trabajo incluye también la consolidación de mesas de Gestión Barrial en Morón y la Matanza, y la ley de acceso justo al hábitat. Estos marcos regulatorios e instrumentos de la política urbana, dan prioridad a las necesidades de quienes sufren el acceso asimétrico a la ciudad, ya sea por género, la edad o las posibilidades materiales de acceso a la producción.

Desde Proyecto Habitar, trabajamos para incorporar a las políticas públicas urbanas la mirada de los sujetos de necesidad y el concepto de acción pública entendiendo que el estado no tiene el monopolio de la detección de la necesidad y que se pueden promover procesos que mejoren y aporten a dar respuesta a las necesidades que hoy están invisibilidades.

Desde 2013 trabaja en el Instituto del Conurbano en el área de Urbanismo de la Universidad Nacional de General Sarmiento desempeñando tareas de investigación y grado, dedicadas especialmente al tema de las infraestructuras urbanas y también forma parte del equipo docente de los talleres de Urbanismo.

Para concluir comparto las reflexiones que Eugenia Jaime ha escrito ante la pregunta de cómo vive la influencia del rol de género en la profesión:

La cuestión de género es sin duda una variable transversal que como construcción social responde a las necesidades trazadas por esta, en nuestro caso el sistema más excluyente que hayamos conocido hasta ahora, el capitalismo. En ese marco el rol asignado al género femenino desarrolla prevalentemente los servicios sociales de reproducción, cuidado y contención de la mínima unidad económica “la familia”.

Estos servicios que también tienen valor en el mercado están invisivilizados y tratados como “cualidades femeninas” hecho que convierte a quien realiza estas tareas de reproducción en un ser improductivo en términos económicos, quedando dependiente de otro que pueda proveer el dinero para la satisfacción de las necesidades denominadas “básicas”, alimentos, vestimenta, cobijo.

Estas relaciones de dependencia no se pueden cambiar solo desde la voluntad del género sometido, es necesario la intervención del estado en tanto la ampliación de derechos que permitan decidir acerca de la realización de las actividades vinculadas a la reproducción y tener respaldo institucional para alcanzar los mismos derechos que el género que no se ocupa de ello.

Esto no quiere decir que todos los géneros tengan idénticas capacidades ni configuración física, como tampoco entre las personas del mismo género sucede, pero si es fundamental acceder a los mismos derechos ya que en ello se basa la posibilidad de construir una democracia verdadera con pleno uso y goce del espacio y el tiempo.

Estas ideas preconcebidas para el género que presta servicios para el sostenimiento de la familia se repite en todas los ámbitos laborales cuando desarrollamos nuestra tarea como profesionales. Allí convergen las demandas a los conocimientos y capacidades técnicas con las demandas propias al género femenino.

Ejemplo de lo anterior son las situaciones que me han tocado vivir en muchos de mis trabajos. Siempre recibí un trato de pares en el aspecto profesional debido a que he procurado estudiar mucho sobre los problemas que me interesan, pero no ha sido igual el trato en relación a la remuneración, la selección de las tareas a realizar o la responsabilidad respecto a su seguimiento; el trato aquí fue siempre diferencial, menor paga, tareas de asistencia o de dirección como suplente. Esto redundaba en aparecer siempre como colaboradora y en pocas ocasiones como co-autora de los trabajos.

Más información
Página de Proyecto Habitar
Urbanismo Universidad Nacional de General Sarmiento
FADU- UBA Taller Forma y Proyecto
Jaime, Eugenia, Hábitat y vivienda en el conurbano. Entre los derechos y los hechos, Observatorio urbano del conurbano bonaerense
Publicaciones de Eugenia Jaime en la Revista Habitat Inclusivo
Publicaciones de Proyecto Habitar
“Condiciones Saludables del Habitat y la Vivienda”
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